El viaje del héroe

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A veces, echamos la vista atrás y nos sorprendemos de lo mucho que hemos cambiado. En realidad, somos los mismos, pero nos sentimos más fuertes, más cómodos, más seguros. Es el llamado Viaje del Héroe, que nos narra nuestra propia historia y nos permite reconocer las habilidades y cualidades que tenemos, que hemos ido descubriendo a lo largo del camino, y que nos hacen únicos y valiosos.

El Viaje del Héroe siempre empieza mal. Uno se siente atrapado en una situación frustrante o dolorosa y lucha por superarla con todo lo que se le ocurre. Pero nada funciona. Agotado y sin esperanza, abandona la lucha y clama al cielo el fin de tanto sufrimiento. Se abre a la posibilidad de un nuevo paradigma, una forma distinta de ver la situación. Porque ya no le queda otra.

Entonces lo logra: encarando el conflicto como nunca antes, consigue trascender el dolor y llegar al lugar donde siempre quiso estar. El héroe ha cruzado el río y está a salvo en la otra orilla. Sin embargo, no deja de reconocer ese mismo sufrimiento en todas las personas que ha dejado atrás. Y por fin reconoce su papel como héroe. Deseando ayudar y sabiendo que tiene la experiencia necesaria para hacerlo, comprende que todo su periplo sólo tenía un fin: recorrer el camino hacia su propia esencia y allanarlo para que no cueste tanto a los que vienen detrás.

Lo bueno de esta historia es que todos somos héroes y a todos nos toca recorrer ese viaje porque es nuestra propia vida. Así que tengamos claras todas las etapas, para que nadie se nos encalle en las más duras. Que todo el mundo recuerde que, pase lo que pase, habrá valido la pena.

Dos chicas francesas

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El otro día me senté en un parque cerca de dos chicas jovencitas que comían sin demasiado entusiasmo, totalmente absortas en una apasionada conversación. Eran francesas. Tan francesas que conocían un millón de palabras en francés. Y esto lo sé porque pude oír cómo las decían todas, una detrás de la otra.

Hablaban las dos a una velocidad de vértigo cuando se les acercó un grupo de pájaros atraído por las migas de su comida. Y entonces, de repente y sin previo aviso, tuvo lugar una de las escenas más surrealistas que he presenciado en toda mi vida. Las chicas -que un segundo antes ignoraban a conciencia todo lo que ocurría más allá de sus narices- aparcaron la conversación de repente y se giraron hacia los pájaros, ofreciéndoles comida de su propia mano al tiempo que les decían:

-Ven aquí, guapo, ven.

¡En español! En un español perfecto, fluido y cariñoso. Nunca sabré qué conexiones neuronales llevaron a las dos chicas francesas a concluir que los pájaros de mi ciudad entienden el español pero no el francés. Pero recuerdo la increíble sensación de confianza que desprendían esas chicas. Se sentían tan cómodas siendo ellas mismas que rezumaban seguridad.

Hay una juventud ahora que vive en un mundo distinto al que nosotros vivimos. Un mundo mucho más grande, más interesante, mejor construido. Tan atractivo que resulta contagioso. Por eso me senté yo en el parque cerca de esas chicas. Porque quería sentir su energía y colarme de su mano en ese mundo nuevo.

Enamorarse

Algunos dicen que el amor a primera vista no existe. Será para ellos. Si de repente hay un foco de luz apuntando directamente sobre una persona de entre los casi 8.000 millones que habitamos ahora mismo el planeta, ¿cómo le llamamos a eso?

La empresa Bianco -de la que yo no había oído hablar en la vida- hizo un anuncio hace un par de años que muestra a un chico y una chica coincidiendo cada mañana en un ascensor. No se dicen nada, pero poco a poco se van enamorando.

No tengo ni idea de a qué se dedica la empresa Bianco ni sé qué pretende anunciar, pero han conquistado mi corazón con este vídeo. Si ustedes quieren ver cómo nace el amor, si quieren recordarlo, comprobarlo o descubrirlo, denle al play. Van a ser cinco minutos de su vida maravillosamente invertidos.